Fuego en la borda: la revolución de la artillería naval española

# Fuego en la borda: La Revolución de la Carronada y el Obús en la Real Armada Española

## Capítulo 1: El Trueno Largo y su Némesis Corta

El sistema de artillería naval española de finales del siglo XVIII comprende las piezas, tácticas y procesos industriales que la Real Armada empleó para armar sus navíos de línea con potencia de fuego suficiente para enfrentar a la Royal Navy y a la Marina Francesa. Imagine el estruendo de una andanada a corta distancia. No se trata del clásico duelo artillero a mil metros, donde el cañón largo de a 24 perfora limpiamente el casco enemigo con precisión matemática. Es otra cosa: una tormenta de hierro a trescientos metros, una erupción que barre la cubierta de vida y aparejos, que no agujerea la madera: la despedaza. Este es el mundo de la carronada.

Hasta la década de 1770, el señor indiscutible del combate en línea de batalla era el cañón largo de fundición de hierro, en calibres de 24, 18 y 12 libras. Su lógica táctica era sencilla: perforar el casco enemigo a distancia, hundirlo o dejarle sin capacidad de maniobra antes de que el combate se convirtiera en una melé infernal. Pero estas piezas, de 2 a 3 toneladas de peso, tenían limitaciones severas: retroceso violento, cadencia de tiro lenta y un peso que exigía cubiertas robustas y un porte de buque considerable. En las convulsas décadas de 1780 y 1790, la competencia con británicos y franceses no era solo de barcos, sino de innovación táctica. Dos inventos, nacidos casi a la par, prometían cambiar las reglas del juego: la carronada, concebida por el oficial británico Robert Melville, y el obús naval, un arma explosiva que generaba fascinación y terror a partes iguales.

La historia de su adopción por España no es la de una copia servil; es un relato de pragmatismo, pruebas meticulosas en el Departamento de Cádiz, producción en la Real Fundición de La Cavada y un dramático replanteamiento táctico marcado por una explosión catastrófica: la del navío francés *L’Orient* en la Batalla de Aboukir.

## Capítulo 2: La respuesta británica: Melville y el «Smasher» de la Royal Navy

En 1774, Robert Melville, un oficial británico con experiencia en combate en las Indias Occidentales, propuso una pieza radicalmente distinta a los cañones largos que entonces equipaban a la Royal Navy. No buscaba alcance; buscaba poder de parada, la capacidad de desarbolar y destrozar a un enemigo en el momento decisivo. Su anatomía era única:

– **Longitud:** Caña muy corta, de solo 6 a 8 calibres, lo que le daba un aspecto achaparrado y rechoncho.
– **Peso:** Extremadamente ligera para su calibre. Una carronada de 42 libras pesaba entre 500 y 1.000 kg, aproximadamente un tercio del equivalente en cañón largo del mismo calibre, que habría sido un monstruo impracticable a bordo.
– **Recámara:** Reducida, lo que permitía emplear una carga de pólvora mucho menor, generando menos retroceso y menos desgaste de la pieza.
– **Montaje:** Sobre una cureña de corredera, un sistema que absorbía el retroceso por deslizamiento sobre una plataforma inclinada, permitiendo apuntar y recargar con rapidez.

Su función táctica no era el duelo a distancia. La carronada estaba concebida para la «andanada destructora» a boca de jarro, entre 300 y 400 metros. Su enorme bala rasa, disparada con poca velocidad pero enorme masa, no perforaba limpiamente el casco: lo destrozaba, arrancando una nube mortal de astillas y barriendo la cubierta enemiga. Los marinos británicos la apodaron «the smasher» (la destrozadora). La Royal Navy, siempre pragmática, la adoptó oficialmente en 1779. Un navío de línea de 74 cañones podía embarcar una docena de carronadas de 32 o 42 libras en el alcázar y toldilla, sustituyendo cañones largos de 9 u 8 libras, multiplicando exponencialmente su potencia de fuego a corta distancia sin comprometer la estabilidad. La Marina Francesa, siempre atenta, las copió hacia 1780. España observó y tomó nota.

## Capítulo 3: Pruebas en Cádiz y el Hierro de La Cavada (1790-1797)

Hacia 1790, al menos tres carronadas extranjeras —tres bestias de calibres 96, 68 y 42 libras— fueron desembarcadas en el Departamento de Cádiz, el arsenal más importante de la Armada. No llegaron solas: cada pieza venía con su cureña y sus municiones, listas para ser evaluadas con el rigor que caracterizaba a la oficialidad ilustrada española.

A diferencia de una simple copia, la Armada inició un período de pruebas a bordo de buques nacionales entre 1790 y 1792. Se estudió el terrible retroceso sobre la corredera, la facilidad de puntería, el efecto real de un balazo de 96 libras contra una estructura naval y la fatiga que imponía sobre las cubiertas ligeras del alcázar. Se buscaba la mejor combinación para la doctrina española, que ya contaba con una sólida tradición artillera, reglamentada desde el *Reglamento de 1748* y perfeccionada por oficiales como Jorge Juan.

Tras describir las pruebas, la tabla comparativa permite al lector entender, de un vistazo, las diferencias tácticas fundamentales entre las tres piezas:

| Tipo de pieza | Calibre característico | Peso aproximado | Alcance efectivo | Función táctica |
| :— | :— | :— | :— | :— |
| **Cañón largo** | 24, 18, 12 libras | 2-3 toneladas | 1.000-1.500 metros | Fuego de andanada a larga distancia, perforación del casco |
| **Carronada** | 96, 68, 42, 32 libras | 500-1.000 kg | 300-400 metros | Barrido de cubiertas, destrucción de aparejos, combate a corta distancia |
| **Obús naval (Rovira)** | 9 pulgadas (diámetro de la bomba) | 27 quintales (~1.350 kg) | Similar a carronada | Disparo de bombas explosivas, ataque a estructuras, guerra de costa |

Una vez completadas las pruebas, la decisión estaba tomada. La Real Fundición de La Cavada, principal suministradora de artillería de hierro de la monarquía, ubicada en Cantabria, adaptó sus altos hornos para fundir las primeras carronadas de diseño español. Aunque no existe un consenso documental exacto sobre la fecha de inicio de la producción en serie, las fuentes sitúan la generalización del fundido en el período posterior a 1792. Era la imagen de la tecnología británica, filtrada por el rigor experimental del Cádiz ilustrado y forjada en el ancestral hierro cántabro de La Cavada. España se subía a la revolución de la carronada, pero un nuevo actor, de diseño propio, estaba a punto de entrar en escena.

## Capítulo 4: La Apuesta Explosiva de Mazarredo y el Obús de Rovira (1797)

Ya se estaban fundiendo carronadas cuando, en marzo de 1797, surgió una orden que mostraba la búsqueda de una ventaja asimétrica. El Teniente General José de Mazarredo, uno de los estrategas más brillantes de la Armada y veterano del bloqueo de Gibraltar y la batalla del Cabo de San Vicente, ordenó en Sevilla la fundición de 60 a 80 piezas de artillería que no eran ni cañones ni carronadas.

Estas piezas eran obuses navales según el diseño de Rovira. Sus características técnicas eran muy distintas:
– **No disparaban bala maciza.** Estaban concebidos para lanzar bombas esféricas huecas de 9 pulgadas de diámetro, rellenas de pólvora.
– **Peso:** 27 quintales (aproximadamente 1.350 kg), considerablemente más pesados que una carronada típica, pero aún más ligeros que un cañón largo del mismo calibre.
– **Función táctica:** Sus proyectiles no buscaban perforar, sino explotar. Eran armas incendiarias y antipersona de efectos devastadores contra la obra muerta, el aparejo y, sobre todo, para amedrentar a las tripulaciones al convertir su propio buque en una trampa mortal.

Persiste la controversia histórica sobre si este plan era una modernización preexistente o una reacción directa para contrarrestar la ventaja británica en carronadas. Mazarredo, que había estudiado las tácticas de [ENLACE_INTERNO: Guerra Naval en el siglo XVIII], pudo ver en el obús un arma de «terror» que anulara la doctrina de abordaje y combate cercano en la que las carronadas británicas eran superiores. Mientras las carronadas destrozaban con hierro, los obuses amenazaban con volar el barco desde dentro.

## Capítulo 5: El Fantasma del *L’Orient* y el Destino de los Obuses (1798)

La Batalla de Aboukir (Nilo), el 1 de agosto de 1798, fue el clímax que decidió el destino de esta artillería. El gigantesco navío francés de 118 cañones *L’Orient*, orgullo de la Marina Francesa, se vio envuelto en llamas durante el combate nocturno. La noche egipcia se convirtió en día durante un segundo. La explosión que siguió se escuchó a kilómetros de distancia, un estruendo sobrecogedor que silenció los cañones de ambas flotas por unos instantes.

Inmediatamente, la catástrofe se atribuyó a la explosión de sus propias bombas y municiones incendiarias, manipuladas en medio del combate. La noticia, recogida por los servicios de inteligencia españoles y franceses, corrió como la pólvora por todas las marinas de Europa. El espectro de un navío volado por su propia artillería era demasiado vívido.

Este hecho sembró dudas profundas sobre la seguridad de los obuses a bordo de un navío de línea de madera, lleno de pólvora y hombres. La doctrina española, que ya combinaba con éxito el cañón largo (para andanadas a distancia) y la carronada (para la defensa cercana en alcázares y toldillas), encontró en el trágico destino del *L’Orient* la razón definitiva para ser conservadora.

El flujograma siguiente sintetiza todo el proceso de adopción tecnológica:

«`mermaid
flowchart TD
A[Invención de la carronada (Melville, 1774)] –> B[Adopción por la Royal Navy (1779)]
B –> C[Adopción por la Marina Francesa (c. 1780)]
C –> D[Llegada de las tres carronadas a Cádiz (c. 1790)]
D –> E[Pruebas en buques españoles (c. 1790-1792)]
E –> F[Fundición de carronadas en La Cavada (post. 1792)]
F –> G[Orden de Mazarredo de obuses (marzo 1797)]
G –> H[Batalla de Aboukir (agosto 1798)]
H –> I[Freno a la adopción de obuses; consolidación de la carronada]
«`

A partir de entonces, los obuses navales diseñados por Rovira quedaron relegados a pruebas experimentales o a buques muy especializados. La carronada, con su fiabilidad y poder de parada, se consolidó como el complemento perfecto del cañón largo. La Real Armada Española, pragmática hasta el final, había aprendido una lección dolorosa en las aguas del Nilo. El *L’Orient* se había convertido en un monumento silencioso a los riesgos de la innovación no controlada. La revolución que prometía el obús quedó truncada, pero la combinación de cañón largo y carronada dominaría los combates navales hasta la llegada de la artillería rayada y los blindajes.

## ⚓ Glosario de este artículo

– **Ánima lisa:** Interior del cañón sin estrías, característico de la artillería naval del siglo XVIII. Las balas esféricas


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