La Real Armada y la ciencia ilustrada

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La Real Armada y la ciencia ilustrada

Introducción

El siglo XVIII fue el siglo de la Ilustración, y la Armada española fue uno de los vehículos principales a través del cual las ideas ilustradas se difundieron por el Imperio. Lejos de ser una institución puramente militar, la Armada fue también un instrumento de exploración científica, cartográfica y naturalista. Los marinos españoles no solo guerreaban, sino que cartografiaban costas, recogían especímenes de plantas y animales, realizaban observaciones astronómicas y establecían contacto con culturas desconocidas. Este artículo explora la estrecha relación entre la Armada y la ciencia ilustrada.

La expedición Malaspina: la culminación de la ciencia ilustrada

La expedición alrededor del mundo de Alejandro Malaspina (1789-1794) fue el proyecto científico más ambicioso de la España ilustrada. Dos corbetas, la Descubierta y la Atrevida, recorrieron las costas de América del Sur, América Central, California, Alaska, Filipinas, Australia y Nueva Zelanda. A bordo viajaban astrónomos, naturalistas, dibujantes y cartógrafos que recogieron una cantidad ingente de datos: mapas precisos de miles de kilómetros de costa, descripciones de plantas y animales desconocidos para la ciencia europea, observaciones astronómicas y etnográficas, y una colección de dibujos de gran calidad artística. La RHN considera la expedición Malaspina como la más importante de la Ilustración española y una de las más destacadas de la ciencia europea del siglo XVIII, comparable a los viajes de Cook y La Pérouse.

Los marinos-científicos

La Armada española contó con una generación excepcional de marinos que eran también científicos. Jorge Juan y Antonio de Ulloa participaron en la expedición geodésica al Perú (1735-1744), midiendo un grado de meridiano terrestre que demostró el achatamiento de la Tierra por los polos. A su regreso, publicaron las Observaciones astronómicas y físicas y las Noticias secretas de América. Vicente Tofiño, astrónomo y cartógrafo, publicó el Derrotero de las costas de España (1789), obra de referencia durante décadas. Alejandro Malaspina, de origen italiano pero al servicio de España, fue el impulsor de la expedición que lleva su nombre. José de Bustamante, segundo de Malaspina, continuó la tradición científica en la Armada. Todoavante documenta las trayectorias de estos marinos ilustrados, destacando que muchos de ellos eran miembros de las más prestigiosas academias científicas europeas.

Los observatorios astronómicos de la Armada

La Armada fundó y mantuvo varios observatorios astronómicos, que eran también centros de formación para los oficiales. El Observatorio de la Armada de San Fernando (Cádiz), fundado en 1753, fue el más importante. Allí se realizaban observaciones astronómicas para la determinación de la hora (esencial para la navegación) y para la elaboración de efemérides. El observatorio contaba con telescopios de última generación y con una biblioteca científica de primer nivel. También existían observatorios en Madrid y en Cartagena. La RHN señala que el Observatorio de San Fernando fue uno de los mejores de Europa en su época, comparable a los de Greenwich y París.

La recolección de especímenes y la historia natural

Los marinos ilustrados no se limitaban a la astronomía y la cartografía. Durante sus viajes, recolectaban plantas, animales, minerales y objetos etnográficos que enviaban al Real Gabinete de Historia Natural de Madrid (fundado en 1771). Las expediciones de Malaspina, de Antonio de Córdoba y de otros marinos proporcionaron miles de especímenes que enriquecieron las colecciones científicas españolas. Los naturalistas a bordo —como los botánicos Luis Neé y Antonio Pineda— describieron numerosas especies nuevas para la ciencia. La combinación de navegación, exploración y ciencia natural era característica de la Ilustración española.

El legado científico de la Armada

El legado científico de la Armada ilustrada fue inmenso, aunque en parte olvidado tras la Guerra de la Independencia. Los mapas de Tofiño y Malaspina se utilizaron durante décadas. Las colecciones del Real Gabinete de Historia Natural forman hoy parte del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Las Observaciones astronómicas de Jorge Juan y Ulloa fueron citadas por científicos de toda Europa. La Armada demostró que la ciencia y la guerra no eran actividades incompatibles, sino que la primera era esencial para la segunda. Como escribió Malaspina, «la navegación no es más que la ciencia aplicada al servicio del Estado».

Fuentes

  • Revista de Historia Naval (RHN), núm. 17, 1987: «Ciencia e Ilustración en la Armada española del siglo XVIII», por José María Sánchez Carrión.
  • Revista de Historia Naval (RHN), núm. 49, 1995: «La expedición Malaspina y la ciencia ilustrada española», por María Dolores González-Ripoll.
  • Todoavante: «La Armada y la ciencia en el siglo XVIII».
  • Archivo del Museo Naval de Madrid: diarios de la expedición Malaspina.
  • Real Observatorio de la Armada de San Fernando: fondos documentales.

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Recursos en línea

Ver también: PARTE 3: La Habana 1762: cuando la logística falló | Viento en las velas: cómo la Royal Navy venció al escorbuto. Fuente: La Real Armada y la ciencia ilustrada.

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