El cabo de Hornos y la ruta del Pacífico

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El cabo de Hornos y la ruta del Pacífico

Introducción

El cabo de Hornos, el extremo meridional de América del Sur, fue durante siglos uno de los mayores desafíos de la navegación mundial. Sus vientos huracanados, sus olas gigantes y sus temperaturas gélidas se cobraron la vida de miles de marineros y hundieron cientos de barcos. Para la Armada española, el paso del cabo de Hornos era indispensable para comunicar la metrópoli con las colonias del Pacífico: Perú, Chile y las Californias. Este artículo narra las dificultades y los logros de los navegantes españoles que se enfrentaron al temible cabo.

Geografía y climatología del cabo

El cabo de Hornos (55°59′ S) es el punto más austral de América del Sur, situado en el archipiélago de Tierra del Fuego. Su fama se debe a las condiciones meteorológicas extremas: vientos del oeste que soplan con fuerza huracanada durante la mayor parte del año, olas que pueden superar los 15 metros de altura, corrientes impredecibles y una temperatura media de 5 °C. El estrecho de Magallanes, más al norte, ofrecía una ruta alternativa más protegida, pero su navegación era peligrosa por los estrechos canales y los bajíos. Durante el siglo XVIII, la mayoría de los barcos que se dirigían al Pacífico elegían el cabo de Hornos, a pesar de su peligrosidad. La RHN publicó un estudio climatológico del paso del cabo basado en los diarios de navegación de la Armada, que muestran que la primavera austral (octubre-diciembre) era la época más favorable para el tránsito.

Las primeras travesías españolas

Aunque el primer navegante en doblar el cabo de Hornos fue el holandés Willem Schouten (1616), los españoles no tardaron en utilizar esta ruta. Durante el siglo XVII, los galeones del Pacífico evitaban el cabo, prefiriendo la ruta del estrecho de Magallanes o la navegación por el istmo de Panamá. Pero en el siglo XVIII, con el aumento del tráfico naval, el cabo de Hornos se convirtió en la ruta principal. La expedición de Juan de Lángara (1779) fue una de las primeras grandes travesías de una flota española por el cabo. Los navíos de la Armada, pesados y poco maniobrables, sufrían especialmente en aquellas aguas. Todoavante documenta que el paso del cabo solía durar entre dos y seis semanas, dependiendo del tiempo, y que era frecuente que los barcos sufrieran daños graves en el aparejo y el casco.

Naufragios y tragedias

Muchos barcos españoles encontraron su fin en las aguas del cabo de Hornos. En 1741, la fragata española San Esteban naufragó con toda su tripulación. En 1769, el navío de registro Nuestra Señora del Buen Consejo desapareció sin dejar rastro. Una de las tragedias más conocidas fue la del navío San Pedro de Alcántara, que naufragó en 1779 frente a las costas de Chile con 77 muertos, durante la expedición de Lángara. Las causas de los naufragios eran múltiples: tormentas repentinas, errores de navegación por la imposibilidad de hacer observaciones astronómicas durante días, corrientes no cartografiadas y la fatiga de las tripulaciones exhaustas. La RHN ha documentado al menos 46 naufragios de barcos españoles en las proximidades del cabo de Hornos durante el siglo XVIII.

La expedición de Malaspina

Una de las travesías más importantes del cabo de Hornos fue la de la expedición Malaspina (1789-1794). Las corbetas Descubierta y Atrevida, mandadas por Alejandro Malaspina y José de Bustamante, doblaron el cabo en diciembre de 1789 en condiciones relativamente favorables. La expedición realizó observaciones científicas de gran valor: midió la temperatura del agua, la presión atmosférica, la velocidad de las corrientes y la altura de las olas. Malaspina recomendó la ruta del cabo de Hornos para la navegación hacia el Pacífico, pero advirtió que solo debía intentarse en los meses de verano austral (diciembre a marzo).

La búsqueda de rutas alternativas

Dada la peligrosidad del cabo de Hornos, la Armada española investigó rutas alternativas. El estrecho de Magallanes fue explorado y cartografiado con más detalle, y se estudiaron posibles canales interiores a través del archipiélago patagónico. En 1785, el piloto José de Moraleda exploró los canales de Chiloé y la Patagonia occidental, abriendo nuevas rutas para la navegación costera. Sin embargo, ninguna ruta alternativa ofrecía la seguridad y la rapidez del cabo de Hornos en buenas condiciones. El paso del cabo siguió siendo, hasta la apertura del Canal de Panamá en 1914, la única puerta de entrada al Pacífico desde el Atlántico.

Fuentes

  • Revista de Historia Naval (RHN), núm. 35, 1991: «El cabo de Hornos y la navegación española en el Pacífico», por José María Rodríguez Gordillo.
  • Revista de Historia Naval (RHN), núm. 51, 1995: «Naufragios españoles en el cabo de Hornos durante el siglo XVIII», por Miguel Ángel Pérez.
  • Todoavante: «El cabo de Hornos: la ruta del Pacífico».
  • Archivo del Museo Naval de Madrid: diarios de navegación de la expedición Malaspina.
  • Alejandro Malaspina: Viaje político-científico alrededor del mundo, 1794.

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Recursos en línea

Ver también: PARTE 3: La Habana 1762: cuando la logística falló | Viento en las velas: cómo la Royal Navy venció al escorbuto. Fuente: El cabo de Hornos y la ruta del Pacífico.

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