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El sistema de presas y corso español
Introducción
En el siglo XVIII, la guerra naval no se libraba solo entre navíos de guerra. Los corsarios —marinos privados autorizados por la Corona para atacar barcos enemigos— fueron determinantes en la estrategia naval española. El corso era una forma de guerra económica que permitía a España hostigar el comercio enemigo sin invertir en costosos navíos de guerra. Este artículo examina el sistema de presas y corso español, su marco legal, su impacto económico y las figuras más destacadas de esta actividad.
Marco legal: patentes de corso y derecho de presa
El corso español se regía por las Ordenanzas de la Armada y por las reales cédulas que declaraban la guerra. Para ejercer el corso, un armador debía solicitar una «patente de corso» que le autorizaba a atacar barcos de naciones enemigas. A cambio, la Corona recibía un porcentaje del valor de las presas capturadas (generalmente el 10%). Los corsarios debían seguir estrictas normas: solo podían atacar barcos enemigos, debían respetar la vida de las tripulaciones capturadas y tenían que llevar los buques apresados a un puerto español para su «validación» por un tribunal de presas. Estos tribunales, establecidos en los principales puertos, determinaban si la captura era legal y fijaban el valor del barco y su carga. Todoavante documenta que el sistema era complejo y a menudo corrupto: muchos corsarios operaban al límite de la legalidad, y los tribunales de presas solían favorecer a los armadores locales.
Corsarios españoles célebres
Aunque el corso español no alcanzó la fama del corso francés o el de las colonias americanas, hubo figuras destacadas. Uno de los más célebres fue Amaro Pargo (1678-1747), natural de Tenerife, que amasó una fortuna capturando barcos ingleses y holandeses en el Atlántico. Sus actividades corsarias le valieron el ennoblecimiento y el reconocimiento de la Corona. Otro corsario notable fue Miguel de Enríquez, puertorriqueño, que operó en el Caribe a principios de siglo. La RHN ha publicado estudios sobre ambos personajes, destacando que el corso era a menudo la única forma de defender el comercio español en zonas donde la Armada no podía desplegarse.
Impacto económico del corso
El corso tenía un doble impacto económico. Por un lado, causaba pérdidas significativas al comercio enemigo: los seguros marítimos se disparaban, los mercaderes retrasaban sus envíos y el precio de las mercancías aumentaba. Por otro lado, el corso proporcionaba ingresos a la Corona y a los armadores, y alimentaba el mercado español con productos capturados. En tiempos de guerra, el corso se convertía en una industria: los astilleros menores construían pequeños bergantines y goletas diseñados para la velocidad y el abordaje. Sin embargo, la RHN advierte que el corso también tenía efectos negativos: desviaba recursos de la Armada regular y fomentaba una cultura de violencia y botín que dificultaba el control del comercio legal.
Presas famosas y batallas de corso
Algunas capturas corsarias pasaron a la historia. En 1747, el corsario español José de la Barreda capturó el navío británico Prince of Wales frente a las costas de Cuba, con un cargamento valorado en 200.000 pesos. En 1779, durante la guerra de Independencia de Estados Unidos, los corsarios españoles capturaron más de 100 barcos británicos en el Atlántico. El año más fructífero para el corso español fue 1780, cuando las presas capturadas alcanzaron un valor estimado de 15 millones de reales. Muchas de estas presas fueron posteriormente incorporadas a la Armada española, reforzando la flota a bajo coste.
El final del corso
El corso español decayó a finales del siglo XVIII por varias razones. La Paz de Amiens (1802) y el fin de las guerras napoleónicas redujeron las oportunidades de captura. Además, la presión diplomática de las potencias comerciales (especialmente Gran Bretaña) llevó a la progresiva abolición del corso en el derecho internacional, culminando en la Declaración de París de 1856. Sin embargo, el legado del corso español perduró en la cultura popular: los corsarios españoles —retratados a menudo como héroes o como piratas según la perspectiva— forman parte del imaginario histórico del país.
Fuentes
- Revista de Historia Naval (RHN), núm. 22, 1988: «El corso español en el siglo XVIII», por Pablo Emilio Pérez-Mallaína.
- Revista de Historia Naval (RHN), núm. 39, 1992: «Amaro Pargo: corsario tinerfeño del siglo XVIII», por Manuel de Paz Sánchez.
- Todoavante: «Corso y presas en la Armada española».
- Archivo General de Indias: expedientes de corsarios y tribunales de presas.
- Archivo Histórico Nacional: Consejo de Guerra, expedientes de corso.
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- La Real Armada del Siglo XVIII: Reformas, Titanes y el Ocaso del Poder Naval Español
- Glosario de Historia Naval
Recursos en línea
- Archivo General de la Marina «Álvaro de Bazán»
- PARES – Portal de Archivos Españoles
- Todoavante – Historia naval española
Ver también: PARTE 3: La Habana 1762: cuando la logística falló | Viento en las velas: cómo la Royal Navy venció al escorbuto. Fuente: El sistema de presas y corso español.
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