Sanidad naval: cirujanos y medicina a bordo

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Sanidad naval: cirujanos y medicina a bordo

Introducción

La vida a bordo de un navío del siglo XVIII era extremadamente dura, y las enfermedades causaban más bajas que el combate. El escorbuto, la fiebre amarilla, la disentería y el tifus eran los verdaderos enemigos de cualquier tripulación. La Armada española, consciente de este problema, desarrolló a lo largo del siglo un sistema de sanidad naval que, aunque imperfecto, supuso un avance significativo respecto a épocas anteriores. Este artículo examina el papel de los cirujanos navales, las enfermedades más comunes y las medidas sanitarias implementadas a bordo de los navíos españoles.

A bordo: las condiciones sanitarias

Las condiciones de vida en un navío del siglo XVIII eran propicias para la propagación de enfermedades. La tripulación dormía hacinada en la batería baja, sin ventilación ni luz natural. La dieta consistía casi exclusivamente en galleta (duro bizcocho), bacalao salado, legumbres y agua (a menudo putrefacta). La falta de fruta fresca provocaba escorbuto tras unas semanas de navegación. Los baños eran inexistentes, y la ropa rara vez se lavaba. Las ratas y las cucarachas infestaban los pañoles. Como señala la RHN, la mortalidad por enfermedad en los largos viajes atlánticos podía alcanzar el 30% de la tripulación, una tasa superior a la de cualquier batalla naval del siglo.

Los cirujanos navales

Cada navío de la Armada contaba con al menos un cirujano, asistido por uno o dos practicantes. Los cirujanos navales eran formados en el Real Colegio de Cirugía de Cádiz (fundado en 1748) o en el de Barcelona. Su formación incluía anatomía, farmacopea y cirugía de campaña. A diferencia de los médicos, los cirujanos estaban autorizados a realizar operaciones y amputaciones. La caja de instrumental del cirujano naval español incluía bisturís, sierras para amputaciones, pinzas, agujas de sutura y torniquetes. También llevaban un botiquín con remedios básicos: quinina (para la fiebre), láudano (para el dolor), sales de plomo (para las heridas) y mercurio (para la sífilis). Todoavante documenta que la figura del cirujano naval era respetada pero mal pagada, y que muchos cirujanos desertaban en los puertos americanos.

Enfermedades y tratamientos

Las enfermedades más comunes a bordo eran:

  • Escorbuto: causado por la falta de vitamina C. Los síntomas incluían encías sangrantes, debilidad y hemorragias internas. El tratamiento empírico era el zumo de limón o naranja, aunque su eficacia no fue demostrada científicamente hasta el siglo XIX.
  • Fiebre amarilla: endémica en el Caribe. Transmitida por mosquitos, causaba fiebre alta, vómitos y hemorragias. La tasa de mortalidad podía alcanzar el 50%. Se trataba con quinina y baños fríos.
  • Disentería: infecciones intestinales causadas por agua contaminada. Se trataba con opio y reposo.
  • Sífilis: enfermedad venérea muy extendida entre los marineros. Se trataba con mercurio, un remedio casi tan dañino como la enfermedad.
  • Enfermedades traumáticas: heridas de combate, fracturas por caídas desde el aparejo, quemaduras. Las amputaciones eran frecuentes, y la tasa de supervivencia era baja debido a las infecciones posteriores.

La RHN destaca que la Armada española fue pionera en la introducción de la vacuna contra la viruela a bordo de los navíos, gracias a la expedición Balmis de 1803.

El Hospital de Marina

En tierra, la Armada contaba con hospitales navales en los principales arsenales. El más importante era el Hospital de Marina de Cádiz, fundado en 1748, que llegó a tener 1.200 camas. También existían hospitales en Ferrol, Cartagena, La Habana y El Callao. Estas instituciones atendían tanto a marineros enfermos como a heridos de guerra. El nivel de la medicina hospitalaria era, para la época, relativamente avanzado: se practicaban autopsias para determinar las causas de la muerte, se llevaban registros detallados de pacientes y se aplicaban protocolos de cuarentena para evitar epidemias. Sin embargo, las condiciones higiénicas seguían siendo deficientes, y las infecciones hospitalarias eran un problema grave.

Fuentes

  • Revista de Historia Naval (RHN), núm. 16, 1987: «La sanidad naval en la España del siglo XVIII», por José Luis Peset.
  • Revista de Historia Naval (RHN), núm. 52, 1996: «Cirujanos y medicina a bordo de los navíos de la Armada», por María Luz López Terrada.
  • Todoavante: «La vida a bordo: sanidad y medicina naval».
  • Archivo del Museo Naval de Madrid: expedientes sanitarios de la Armada.
  • Real Colegio de Cirugía de Cádiz: fondos documentales sobre la formación de cirujanos navales.

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Recursos en línea

Ver también: PARTE 3: La Habana 1762: cuando la logística falló | Viento en las velas: cómo la Royal Navy venció al escorbuto. Fuente: Sanidad naval cirujanos y medicina a bordo.

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