Una década perdida para el value
Entre 2010 y 2020, el value investing —comprar acciones infravaloradas según fundamentales como PER, valor contable o rendimiento por dividendo— sufrió su peor racha en la historia moderna. El índice MSCI World Value rindió aproximadamente un 3% anualizado menos que el MSCI World Growth durante ese periodo, una diferencia que, compuesta, supone una brecha de rentabilidad difícil de ignorar. Para ponerlo en perspectiva: 10.000 dólares invertidos en growth en 2010 se convirtieron en unos 38.000 en 2020, mientras que la misma cantidad en value apenas alcanzaba los 24.000. La diferencia acumulada superó los 14.000 dólares.
No fue un fenómeno aislado. El famoso estudio de Fama y French documentó una prima del value del 4-5% anual entre 1926 y 2010; pero entre 2007 y 2020 esa prima se volvió negativa en más de tres puntos anuales. El factor value de Ken French —la cartera larga de acciones baratas y corta de caras— acumuló pérdidas cercanas al 50% en términos acumulados durante ese período. Como señala Aswath Damodaran en su blog Musings on Markets, «lo que llamamos value investing no ha muerto; lo que ha muerto es la fe ingenua en que comprar barato sin más produce rentabilidades superiores ajustadas al riesgo».
Las causas son conocidas: tipos de interés artificialmente bajos que descontaban flujos futuros lejanos (favoreciendo a empresas growth), auge de las tecnológicas con múltiplos elevados pero crecimiento explosivo, y la transformación de la economía hacia activos intangibles que el value tradicional no capturaba bien. Muchos inversores declararon la muerte del value. Pero como ha señalado repetidamente Howard Marks, en los mercados el péndulo siempre acaba volviendo.
El giro de 2022-2024
La subida de tipos de interés iniciada en 2022 actuó como un catalizador: cuando el coste del capital sube, los flujos de caja lejanos se descuentan más agresivamente, castigando a las empresas growth con valoraciones elevadas y beneficiando a las value, que generan flujos de caja cercanos. En 2022, el índice MSCI World Value superó al Growth por más de 15 puntos porcentuales. Fue la mayor brecha anual a favor del value desde 2001.
Los casos concretos abundan. Exxon Mobil, una value clásica, pasó de 65 a 110 dólares en 2022, una revalorización superior al 70%, mientras que empresas growth como Shopify o Zoom perdían más del 60% de su valor. Los bancos también vivieron un resurgir: JPMorgan Chase ganó un 33% en 2022 frente a una caída del 33% en el Nasdaq. Berkshire Hathaway, el vehículo de Warren Buffett —el value investor más famoso del planeta—, superó al S&P 500 en 2022 por primera vez en varios años, con una caída de solo el 4% frente al 18% del índice general.
Sin embargo, este giro no fue el retorno triunfal del value clásico. Las empresas que mejor se comportaron dentro del universo value no fueron las típicas «cigar butt» de Benjamin Graham (empresas mediocres a precios irrisorios), sino compañías sólidas con ventajas competitivas reales que el mercado había castigado excesivamente. Buffett llamó a esto «value con calidad» mucho antes de que se pusiera de moda. En su carta de 2023, el propio Buffett recordaba que su evolución desde Graham hacia el enfoque de Charlie Munger —pagar un precio justo por una empresa excelente— fue lo que realmente generó rentabilidades superiores durante décadas.
Value en la era de los intangibles
Uno de los problemas del value tradicional es que fue diseñado para una economía industrial. Los ratios basados en valor contable (price-to-book) son casi irrelevantes cuando los activos más valiosos de una empresa —software, datos, marcas, patentes— no aparecen en el balance. Una empresa como Meta Platforms tiene un PER bajo (value según métricas tradicionales), pero su valor contable es casi irrelevante frente a su capitalización. A finales de 2025, Meta cotizaba a un PER de 22, muy por debajo de su media histórica de 32, y sin embargo su price-to-book superaba 7x: una aparente contradicción que solo se resuelve actualizando las métricas.
La solución no es abandonar el value, sino actualizar sus métricas. El inversor value moderno mira ratios como EV/EBITDA o EV/EBIT (que capturan el valor de empresa completo incluyendo deuda y caja), el free cash flow yield (FCF / Enterprise Value) y el return on invested capital (ROIC) como medida de calidad. Cuando estas métricas señalan infravaloración y la empresa genera rentabilidades sobre capital invertido por encima de su coste de capital, el value sigue funcionando.
Para ilustrarlo, comparemos dos empresas con métricas tradicionales similares pero resultados muy distintos:
| Métrica | Empresa A (EnergyCo) | Empresa B (TechValue) |
|---|---|---|
| PER | 9x | 16x |
| Price-to-Book | 1,2x | 5,5x |
| EV/EBIT | 6,5x | 10x |
| Free Cash Flow Yield | 11% | 7% |
| ROIC | 8% | 35% |
| Deuda Neta / EBITDA | 2,8x | 0,5x |
EnergyCo parece más barata en PER y P/B, pero TechValue —una empresa tecnológica madura con ventajas competitivas— muestra un ROIC cuatro veces superior, menor apalancamiento y un EV/EBIT razonable. El value de calidad del siglo XXI se parece más a TechValue que a EnergyCo, aunque el value clásico de Graham solo mirara el PER y el libro.
Empresas como Alphabet (Google) ilustran perfectamente esta transición. Con un PER de 23 a principios de 2026, un ROIC superior al 30% y un balance con más de 70.000 millones de dólares en caja neta, Alphabet cotiza como un valor value a todos los efectos, excepto quizá en el sector al que pertenece. Microsoft, Apple y Meta están en una situación similar: son tecnológicas que han madurado hasta el punto de generar flujos de caja masivos y estables, lo que las convierte en value de facto.
Damodaran ha escrito extensamente sobre este fenómeno, señalando que la clasificación sectorial es cada vez menos relevante: «Hoy, la distinción relevante no es entre tecnología y no tecnología, sino entre empresas con poder de fijación de precios y ventajas competitivas duraderas, y las que no las tienen».
Señales de que el péndulo sigue girando
A principios de 2026, observamos varias señales de que la rotación hacia value aún tiene recorrido:
- Diferenciales de valoración: Los diferenciales entre value y growth (medidos por PER relativo) siguen en el percentil 85 de la serie histórica: el growth sigue caro en términos relativos. Según datos de Bloomberg, el PER medio del MSCI World Growth supera en 12 puntos al del MSCI World Value, frente a una media histórica de 7 puntos. Ese gap de 5 puntos extra sugiere que aún hay margen para una convergencia.
- Tipos de interés positivos reales: Los tipos se mantienen en niveles positivos reales (por encima de inflación), lo que favorece la rentabilidad presente frente a la especulación sobre flujos futuros. Mientras el bono americano a 10 años rinda en torno al 4,5%, el coste de oportunidad de pagar 40x beneficios por una empresa growth es mucho más alto que cuando el bono rendía al 1%. Es una simple matemática financiera que no depende de narrativas.
- Flujos de fondos: Los flujos de fondos de inversión muestran que el inversor minorista sigue infraponderado en value: cuando el público se suba al carro, el movimiento tendrá más recorrido. Según Morningstar, los ETFs de value acumularon en 2025 unos 45.000 millones de dólares en entradas netas, frente a los más de 120.000 millones de los ETFs de growth. La infraponderación es evidente.
- Movimiento de los insiders: Un dato adicional que pocos inversores particulares siguen es la actividad de los directivos y consejeros. Durante 2024 y 2025, las recompras de acciones en el S&P 500 se concentraron desproporcionadamente en sectores value como energía, finanzas y materiales. Las empresas value clásicas del índice recompraban entre un 3% y un 5% de su capital social anualmente, una señal de que sus propios gestores consideraban las acciones baratas.
- El movimiento de Buffett: La cartera de Berkshire Hathaway es un termómetro útil. Buffett ha incrementado posiciones en sectores tradicionalmente value —energía (Occidental Petroleum, Chevron), seguros (Alleghany, y la creciente exposición a GEICO y General Re) y servicios públicos— mientras reducía exposición a tecnológicas growth. Aunque Berkshire redujo su posición en Apple, sigue siendo su mayor participación, lo que demuestra que incluso dentro del value de calidad hay matices: Apple es value en métricas (PER de 24, ROIC superior al 50%), pero sigue siendo una tecnológica en clasificación.
La recomendación para el inversor particular no es lanzarse al value indiscriminadamente, sino revisar carteras con sesgo growth elevado y considerar una infraponderación histórica en value de calidad que podría corregirse. Como recuerda Howard Marks, «la clave no es predecir el movimiento del péndulo, sino reconocer en qué punto del ciclo nos encontramos». Y todo apunta a que el péndulo no ha completado su viaje de vuelta.
Fuentes
- Graham, B., & Dodd, D. (1934). Security Analysis. McGraw-Hill.
- Marks, H. (2013). The Most Important Thing: Uncommon Sense for the Thoughtful Investor. Columbia University Press.
- Asness, C., et al. (2020). «Fact, Fiction, and Value Investing». Journal of Portfolio Management.
- Arnott, R., et al. (2021). «The Death of Value Has Been Greatly Exaggerated». Research Affiliates.
- Damodaran, A. (2024). «Value vs Growth: The Musical Chairs of Investing». Musings on Markets.
Sugerencia de imagen
Imagen destacada: value_pendulum.svg — Figura geométrica: péndulo oscilando entre Growth (oro) y Value (esmeralda). Fondo oscuro (#0d1117). Diseño minimalista al estilo Financial Times. Representa conceptualmente el ciclo del value investing.







