En junio de 1749, Jorge Juan y Santacilia (1713-1773), acompañado de Antonio de Ulloa, emprendió una misión científica, diplomática y comercial a Inglaterra que marcaría el futuro de la construcción naval española. Según la Revista de Historia Naval (RHN), las instrucciones reservadas que recibió para su viaje a Europa combinaban objetivos científicos —la continuación de sus estudios astronómicos y geodésicos— con un encargado tácito de espionaje industrial: penetrar en los astilleros británicos y trasladar a España los secretos de la construcción naval inglesa.

El contexto: la urgencia de una renovación naval
La Guerra del Asiento (1739-1748) había puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la Armada española frente a la Royal Navy. La flota de guerra, construida según el sistema Gaztañeta de principios de siglo, resultaba lenta, pesada y con una maniobrabilidad deficiente en comparación con los navíos británicos. El marqués de la Ensenada, como impulsor de las reformas navales, comprendió que «la Marina era demasiado importante para rendirse» (RHN, núm. 18, 1987). No se trataba solo de mejorar los barcos, sino de salvar la proyección atlántica de la monarquía.
En ese contexto, Ensenada puso en marcha varias iniciativas simultáneas. En 1749, el asentista Juan Isla propuso un plan de construcción naval en Guarnizo (Cantabria), y ese mismo año llegó a Cartagena el maestro de jarcia holandés Juan de Graaf para mejorar las jarcías y cabullería de la Armada (RHN, ibid.). Pero la pieza clave del plan de Ensenada era Jorge Juan, a quien encomendó la misión de viajar a Inglaterra y aprender directamente los métodos de los astilleros británicos.
La misión en Inglaterra: 1749-1750
Jorge Juan desarrolló su comisión en Inglaterra entre 1749 y 1750, precisamente cuando la Ordenanza de Construcción Naval inglesa vigente era la de 1745, que había introducido nuevas proporciones y sistemas de trazado para los navíos de la Royal Navy (RHN, núm. 18, 1987). Esta coincidencia cronológica fue crucial: los astilleros británicos estaban en plena transición hacia buques más esbeltos y mejor artillados, y Juan pudo observar en directo esa transformación.
El Ms. 420 del Archivo del Museo Naval de Madrid (AMN), fechado en 1752, recoge las dimensiones exactas de los navíos ingleses de la Ordenanza de 1745 y las compara con las del navío español Princesa (RHN, ibid.). Este manuscrito, que Juan redactó a su regreso, constituye la prueba documental más completa de su trabajo de inteligencia técnica. Las tablas comparativas reflejan diferencias notables en la relación eslora-manga, en la curvatura de las cuadernas y en la disposición de la arboladura, diferencias que Juan supo interpretar y aplicar después en los arsenales españoles.

Jorge Juan estableció su base en Londres, pero sus desplazamientos lo llevaron a los principales centros de construcción naval del país. Su primer destino fue Plymouth Dock (hoy Devonport), el mayor complejo naval de la Royal Navy en el suroeste de Inglaterra. Allí pasó semanas observando los diques secos, las grúas de mampostería y los almacenes de madera. Los astilleros del Támesis —Deptford, Blackwall y Rotherhithe— constituyeron su segunda área de estudio. A diferencia de los arsenales oficiales de la Corona, estos astilleros privados ofrecían un acceso más fácil a los procesos de construcción. Fue allí donde Jorge Juan descubrió el sistema de forro diagonal o tracería, una técnica que reforzaba el casco sin aumentar el peso y que se convertiría en una de las innovaciones más importantes del sistema que implantaría en España.
Aunque nunca logró acceso oficial al Arsenal Real de Portsmouth, obtuvo información valiosa a través de contactos y observaciones desde mercantes fondeados en el puerto. Portsmouth representaba la cúspide tecnológica británica, con sus tinglados cubiertos, sus grúas de vapor incipientes y su enorme dique seco de mampostería. Los datos recogidos sobre sus instalaciones fueron decisivos para que Ensenada comprendiera la escala industrial que necesitaba la Armada española.
El espionaje de planimetría diferida
La correspondencia entre Jorge Juan y el marqués de la Ensenada, conservada en el Archivo General de Simancas, revela un sistema de espionaje de extraordinaria sofisticación. Juan desarrolló un método que los historiadores militares han denominado «espionaje de planimetría diferida»: dibujaba las líneas maestras de los navíos en papel de hilo de alta calidad, pero no remitía los planos completos en un solo envío, sino que los fraccionaba en partes.
El trazado de las cuadernas viajaba en un correo, la disposición de la arboladura en otro, y el sistema de forro en un tercero. Solo Ensenada, como destinatario final, podía recomponer el diseño completo. Las dimensiones críticas —eslora, manga, puntal, calado— se codificaban mediante una clave numérica que solo ambos conocían. Para mayor seguridad, los planos se doblaban e insertaban dentro de libros de contabilidad y registros mercantiles; las anotaciones técnicas se mezclaban con cifras de compraventa de lana y tejidos, de modo que un eventual registro de su correspondencia no despertase sospechas. Según documenta el Cuaderno Monográfico del Instituto de Historia y Cultura Naval nº 44, Jorge Juan llegó a enviar a España más de 200 planos detallados de navíos ingleses. Durante los tres años que duró su misión, las autoridades británicas nunca interceptaron ni descifraron sus comunicaciones.
La alianza con el marqués de la Ensenada
La figura de Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada, fue inseparable de la operación. Ensenada no solo concibió la misión, sino que la protegió políticamente y la dotó de los recursos financieros necesarios. La RHN (núm. 18, 1987) subraya que Ensenada impulsó las reformas navales con la convicción de que la Marina era demasiado importante para rendirse, y que Jorge Juan fue el instrumento técnico de esa determinación política.
La correspondencia entre ambos revela una relación de confianza absoluta. Mientras Ensenada trazaba la estrategia geopolítica, buscaba los fondos secretos y proporcionaba la cobertura diplomática —la contratación de artífices textiles—, Jorge Juan ejecutaba la investigación sobre el terreno y proponía soluciones concretas. A su regreso a España en 1752, Ensenada nombró a Jorge Juan director del Arsenal de La Carraca, el mayor complejo naval de la España peninsular, dándole carta blanca para implementar todo lo aprendido.
La alianza Ensenada-Jorge Juan representa el ejemplo más logrado de colaboración entre un ministro ilustrado y un científico-técnico en la España del Antiguo Régimen. Sin el respaldo de Ensenada, la misión habría sido imposible; sin la inteligencia técnica de Jorge Juan, los planes reformistas de Ensenada habrían carecido de base práctica.
El fruto: el sistema Jorge Juan y la renovación naval
A su regreso, Jorge Juan fue nombrado director del Arsenal de La Carraca (Cádiz). Su primera gran obra fue el navío Oriente, botado en 1753, construido según el nuevo sistema híbrido que combinaba las proporciones inglesas más finas y alargadas con el forro diagonal o tracería aprendido en los astilleros del Támesis. Le siguieron el Firme, el Glorioso y el Príncipe, todos considerados entre los mejores de la Armada de su época.
En 1751, al mismo tiempo que culminaba su misión en Inglaterra, se intentó implantar en España un nuevo plan de estudios que potenciara la enseñanza de la construcción naval (RHN, núm. 18, 1987). Jorge Juan, como capitán de la Compañía de Guardiamarinas, sería el encargado de ponerlo en práctica. Este plan representaba una apuesta decidida por la formación científica de los oficiales de la Armada, combinando matemáticas, hidrodinámica y arquitectura naval con la tradición práctica de los arsenales.
Entre 1753 y 1765, los astilleros españoles —La Carraca, Cartagena, Ferrol y La Habana— botaron más de treinta navíos siguiendo las nuevas proporciones y técnicas importadas de Inglaterra. Este periodo, conocido como la «década de los treinta navíos», supuso la renovación más rápida y profunda de la flota española desde el siglo XVI. Los nuevos buques eran entre un 10 y un 15 % más rápidos que sus predecesores del sistema Gaztañeta, consumían menos lastre y ofrecían una mejor distribución del armamento. El forro diagonal proporcionaba una rigidez estructural que permitía reducir el grosor de los maderos sin sacrificar resistencia, aligerando el casco y aumentando la capacidad de carga de víveres y municiones. Para una visión completa de la terminología técnica de la época, consulte el glosario de historia naval.
El legado científico y naval
Más allá del espionaje industrial, Jorge Juan fue un científico de talla europea. Había participado en la expedición geodésica al Virreinato del Perú (1735-1744) junto con Antonio de Ulloa, y fundó la Academia de Guardiamarinas de Cádiz. Su obra Examen Marítimo (1771) es considerada el primer tratado de arquitectura naval escrito desde principios newtonianos, y marcó el inicio de la construcción naval científica en España.
Aunque la muerte de Jorge Juan en 1773 y la caída en desgracia de Ensenada interrumpieron parcialmente la continuidad de su sistema, sus principios se mantuvieron vigentes en los arsenales españoles durante las últimas décadas del siglo XVIII y sentaron las bases para la modernización de la Armada en la era de Carlos III. Buques como el Santísima Trinidad (1769), el mayor navío de su tiempo, bebieron directamente de las lecciones aprendidas por Jorge Juan en los astilleros ingleses entre 1749 y 1750.
Fuentes
- Jorge Juan y Santacilia — Wikipedia
- Cuaderno Monográfico IHCN nº 44 — Armada Española
- Archivo General de Simancas
- Revista de Historia Naval (RHN), núm. 18, 1987 — «Jorge Juan y la misión reservada en Inglaterra»
- Ms. 420, Archivo del Museo Naval de Madrid (AMN), 1752
- Plymouth City Council / ArtUK — Vista de Plymouth Dock (Rennell, Thomas)
- Glosario de historia naval: términos y definiciones

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