Cartagena de Indias 1741: la victoria olvidada

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TL;DR
– En 1741, una flota británica de 186 buques y 27.000 hombres atacó Cartagena de Indias, defendida por apenas 3.500 soldados y 12 navíos bajo el mando del virrey Eslava y el teniente general Blas de Lezo.
– La estrategia hispana combinó el hundimiento de navíos en los accesos, el fuego cruzado desde fortificaciones y la defensa en altura en San Felipe de Barajas, logrando rechazar el asalto británico con enormes pérdidas.
– La victoria, aunque estratégica y duradera, tuvo un coste material devastador para la Real Armada: 19 buques quedaron inservibles y las reparaciones se prolongaron durante años.


La defensa de Cartagena de Indias (1741): La victoria olvidada de la Real Armada

La defensa de Cartagena de Indias en 1741 fue el episodio en que una fuerza hispana en inferioridad numérica derrotó a la mayor expedición anfibia que la Corona británica había reunido hasta entonces. Ingeniería naval, artillería costera y defensa escalonada, todo a la vez, en el marco de la Guerra de la Oreja de Jenkins (1739-1748).

1. Introducción: Los antecedentes de la guerra

En 1739, el vicealmirante Edward Vernon tomó Portobelo con una facilidad que asustó a medio imperio. El optimismo en Londres se disparó; el temor, en los virreinatos. Cartagena de Indias, el gran puerto fortificado del Virreinato de Nueva Granada, era la llave del comercio continental: allí confluían la flota de Tierra Firme, la plata peruana y los productos europeos. Si caía, el imperio español en América quedaba partido en dos.

Madrid respondió concentrando en la plaza todo lo que tenía. En el verano de 1740, una escuadra de 12 navíos al mando del jefe de escuadra Rodrigo de Torres salió de Ferrol, llegó a Cartagena en octubre y desembarcó más de 2.000 hombres de refuerzo. Vista desde hoy, la decisión parece lenta; vista desde el resultado, fue la que salvó la plaza. Mientras tanto, Vernon reunía en Jamaica una armada de 186 buques, convencido de que iba a aplastar un puerto indefenso.

2. Los protagonistas en la fortaleza

La defensa se apoyó en un binomio de mando poco habitual: el virrey Sebastián de Eslava, capitán general y máxima autoridad política y militar, y el teniente general Blas de Lezo, comandante naval y de las fortificaciones. Lezo, veterano mutilado, apodado «Mediohombre», había probado su temple en el Cabo Passaro y era de los tenientes generales más antiguos de la Armada.

Así se repartía el mando:

graph TD
    A["Virrey Sebastián de Eslava<br/>(Comandante supremo)"]
    B["Tte. General Blas de Lezo<br/>(Comandante naval y de fortificaciones)"]
    C["Escuadra de la Real Armada<br/>(Navíos anclados y hundidos)"]
    D["Fortificaciones y baterías costeras<br/>(San Felipe, Bocachica, etc.)"]
    E["Tropas terrestres<br/>(Ejército virreinal y milicias)"]
    A -->|Coordina| B
    A -->|Mando directo| E
    B -->|Dirige| C
    B -->|Supervisa e integra| D

Eslava coordinaba la defensa global y mandaba las tropas de tierra; Lezo diseñaba la defensa naval y de las fortificaciones y las encajaba en una sola estrategia. Con ellos, el jefe de escuadra Rodrigo de Torres, cuyos 12 navíos aportaron la masa crítica de hombres y artillería para sellar los accesos.

Esa dualidad ha alimentado un debate historiográfico eterno: ¿quién fue más decisivo? Leyendo la documentación de la época, incluidos los partes de Eslava al rey, la impresión es que colaboraron sin fisuras. La pregunta, con perdón, casi sobra.

3. La disposición defensiva

Torres llegó a Cartagena el 23 de octubre de 1740, tres meses después de salir de Ferrol el 31 de julio, con escala en Santo Domingo el 15 de septiembre y avistado en Santa Marta el 16 de octubre. Los navíos llegaron fatigados, pero desembarcaron soldados, municiones y víveres que duplicaron la capacidad defensiva de la plaza.

El plan de Lezo, descrito por él mismo en su informe al virrey, se articulaba en tres líneas sucesivas:

  1. Bloqueo naval: hundir navíos menores y tender cadenas en los canales de Bocachica y Bocagrande para impedir la entrada de los grandes buques británicos.
  2. Artillería costera: desmontar la artillería de los navíos inutilizados y emplazarla en las baterías, sobre todo en San Luis de Bocachica y San Felipe de Barajas.
  3. Defensa escalonada: aprovechar la elevación de San Felipe para convertir el castillo en un nido de artillería capaz de batir cualquier aproximación por tierra.

La combinación de obstrucción naval y artillería desde tierra dejaba a Vernon una sola carta: desembarcar, cruzar bajo fuego cruzado y asaltar fortificaciones con tropas sin apoyo naval directo.

4. Fuerzas enfrentadas: Una desigualdad abrumadora

La desproporción era abrumadora:

Concepto Escuadra británica Defensa española
Tipo de fuerza Royal Navy (naval) + Ejército británico y colonial (terrestre) Real Armada (naval) + Ejército Virreinal y Milicias (terrestre)
Número de buques 186 (incluyendo transportes y apoyo) 12 navíos de la escuadra de Torres, más unidades locales (total ~19 buques)
Efectivos totales ~27.000 (marineros y soldados) ~3.500 (tropas regulares y milicias, más 600 flecheros indios)
Comandante naval Vicealmirante Edward Vernon Teniente general Blas de Lezo
Comandante terrestre General de brigada Thomas Wentworth Virrey Sebastián de Eslava
Fortificaciones clave Ninguna en tierra San Felipe de Barajas, San Luis de Bocachica, San Sebastián del Pastelillo, Batería de Santiago, Batería de Chamba
Artillería (cañones) ~2.000 (en buques) ~300 (en fortificaciones y navíos desmontados)
Resultado Retirada tras 56 días de asedio, fracaso en tomar la plaza Victoria defensiva, se conserva Cartagena

Siete a uno en hombres, seis a uno en cañones. Pero los británicos no tenían fortificaciones en tierra y los hispanos sí tenían posición: la ecuación se invertía. Para tomar la plaza, Vernon necesitaba una superioridad mucho mayor de la que tenía.

5. El asedio: tres fases para una victoria

La primera fase, en marzo de 1741, fue el bloqueo de accesos. Lezo mandó hundir varios navíos, entre ellos el Príncipe y el Santa Ana, en el canal de Bocachica, además de estacadas y cadenas. La escuadra británica, con toda su masa, no pudo forzar la entrada directa y se comió el fuego de las baterías costeras. Vernon desembarcó entonces a más de 12.000 infantes al mando de Wentworth, que empezaron un avance lento desde la costa hacia el interior.

En abril comenzó la defensa de Bocachica, más de cincuenta días de bombardeo continuo. El fuerte de San Luis aguantó metro a metro hasta que ya no fue sostenible, y entonces los españoles lo volaron con orden, causando bajas a los asaltantes. La retirada hacia el interior salvó a la mayor parte de la guarnición y de la artillería.

El 20 de abril, de madrugada, Wentworth lanzó el asalto general contra San Felipe de Barajas. Los británicos no llevaban escalas adecuadas para la altura de los muros y treparon bajo un diluvio de metralla y fusilería desde las posiciones elevadas. Las salidas nocturnas hispanas, recogidas en los partes de Eslava, destruyeron parte de las trincheras de aproximación y minaron la moral. El asalto fue rechazado con bajas masivas. Vernon, viendo que no había nada que hacer, ordenó el reembarco y se fue en mayo.

6. El coste de la victoria: un desgaste material severo

La victoria no fue gratis. En noviembre de 1742, 19 buques de la Real Armada seguían en reparación en Cartagena. El Príncipe, El Fuerte y el Santa Ana pasaron meses en grada, con los cascos agrietados por el fuego enemigo y por la fatiga de la travesía. En abril de 1744, Rodrigo de Torres le escribía al marqués de la Ensenada lamentando los «grandes dispendios» de mantener la escuadra y avisando de que el coste de carenas y tripulaciones amenazaba con paralizar futuras operaciones.

Ese desgaste no debe ocultar lo esencial: la Armada sacrificó su integridad inmediata para conservar el territorio. La escuadra de Torres, pensada como refuerzo, cumplió la misión al precio de quedar inutilizada. Cartagena siguió siendo española durante décadas. Pírrica en lo logístico, absoluta en lo geopolítico.

7. Epílogo: el legado del teniente general

Las bajas británicas se estiman entre 6.000 y 10.000 hombres, contando fiebre amarilla y combate. Los informes españoles llegaron a hablar de 18.000; los archivos británicos bajan la cifra. Esa discrepancia es la guerra misma. El hecho incontestable es que la empresa se volvió insostenible para Vernon.

Blas de Lezo no llegó a disfrutar de la victoria. La peste contraída durante el asedio acabó con él el 7 de septiembre de 1741, unos meses después de que Vernon levantara el sitio. Que su muerte quedara ligada para siempre a la ciudad que defendió tiene algo de justicia poética y algo de crueldad. En las últimas décadas su figura ha pasado de nota a pie de página a mito nacional, y conviene no pasarse de frenada: Lezo fue un táctico excelente y un organizador tenaz, pero la defensa la ganaron muchos, Eslava y Torres incluidos. La plaza siguió en manos hispanas hasta la independencia. La victoria se pagó cara y, aun así, fue estratégicamente total.


Glosario de este artículo

  • Navío de línea: Buque de guerra de entre 50 y 100 cañones, diseñado para combatir en formación de línea. Para una evolución detallada de estos buques en el siglo XVIII, consulta nuestro artículo sobre La evolución de los navíos de línea españoles en el siglo XVIII.
  • Carena: Operación de reparación y limpieza del casco de un buque, imprescindible para mantener su velocidad y maniobrabilidad.
  • Bocana: Entrada natural a una bahía o puerto; en Cartagena, Bocachica y Bocagrande eran los dos accesos principales.
  • Estacada: Barrera hecha de estacas y cadenas para obstruir el paso de embarcaciones.
  • Metralla: Munición compuesta por pequeños proyectiles de hierro o plomo, disparada a corta distancia para causar daño masivo a la infantería.

Para consultar todos los términos técnicos navales, visita nuestro Glosario de términos navales.


Preguntas frecuentes sobre la defensa de Cartagena de Indias

1. ¿Quién fue más decisivo, Blas de Lezo o Sebastián de Eslava?
Los dos, y no es una respuesta diplomática. Eslava, como comandante supremo, sostuvo la moral y la disciplina de las tropas de tierra; Lezo montó la estrategia naval y artillera y dirigió las fortificaciones. La historiografía actual coincide en que la colaboración entre ambos fue la clave. Quien quiera un duelo de héroes, que se lo monte aparte.

2. ¿Cuántos barcos hundió Lezo para bloquear la bahía?
No existe un número exacto documentado, pero los informes aluden al hundimiento de varios navíos menores, entre ellos el Príncipe, El Fuerte y el Santa Ana.

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Fuentes y recursos

Ver también: PARTE 3: La Habana 1762: cuando la logística falló | Viento en las velas: cómo la Royal Navy venció al escorbuto. Fuente: Cartagena de Indias 1741 la victoria olvidada.

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