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Barcos mercantes vs. buques de guerra
Introducción
En el siglo XVIII, la frontera entre barco mercante y buque de guerra no era tan nítida como hoy. Muchos mercantes estaban armados para defenderse de corsarios y piratas, y en tiempos de guerra la Corona requisaba barcos mercantes para usarlos como transportes o incluso como auxiliares de guerra. Sin embargo, existían diferencias fundamentales de diseño, construcción y uso que distinguían a unos de otros. Este artículo analiza las diferencias entre los barcos mercantes y los buques de guerra en la España del siglo XVIII.
Diferencias de diseño
El diseño de un buque de guerra estaba optimizado para la velocidad, la maniobrabilidad y la capacidad de transportar artillería. Los navíos de guerra tenían el casco más fino y alargado (relación eslora/manga de 3:1 o superior), lo que les daba mayor velocidad. La popa era redondeada y la proa afilada, con un espolón para facilitar el abordaje. Los mercantes, en cambio, priorizaban la capacidad de carga sobre la velocidad. Su casco era más ancho y panzudo (relación eslora/manga de 2,5:1 o inferior), con bodegas espaciosas. La popa era plana y la proa roma. Los mercantes solían tener menos cubiertas (una o dos) frente a las tres o cuatro de los navíos de guerra. La RHN señala que estas diferencias de diseño eran el resultado de necesidades opuestas: el navío de guerra necesitaba velocidad y estabilidad para el combate, el mercante necesitaba espacio para la carga.
La construcción
La construcción de un buque de guerra era mucho más costosa y cuidada que la de un mercante. Los navíos de guerra se construían con maderas seleccionadas (roble para el casco, pino para la arboladura), con cuadernas más juntas y un forro más grueso. Las uniones se reforzaban con pernos de cobre o hierro. Los mercantes, por su parte, se construían con maderas más baratas (pino, abeto), con cuadernas más separadas y un forro más fino. La vida útil de un navío de guerra era de unos 30-40 años, mientras que un mercante rara vez superaba los 20. Todoavante documenta que la diferencia de coste era enorme: construir un navío de 74 cañones costaba unas 8.000 toneladas de madera y el equivalente a varios meses del presupuesto de la Corona, mientras que un mercante de tamaño similar costaba la mitad.
Armamento
La diferencia más obvia era el armamento. Un navío de guerra llevaba entre 50 y 140 cañones, con un peso de andanada de varias toneladas de hierro. Un mercante, en cambio, llevaba como mucho 10-20 cañones pequeños (de 4 a 8 libras), más que nada para ahuyentar a los corsarios. En tiempos de guerra, los mercantes podían ser armados con más cañones y utilizados como «guardacostas» o «corsarios». Existía una categoría intermedia, la de los «barcos de registro» o «urcas», que eran mercantes armados autorizados a comerciar con las colonias. La RHN dedica un estudio a estos barcos de registro, destacando que fueron esenciales para el comercio colonial español en la segunda mitad del siglo.
Tripulación
La tripulación de un buque de guerra era mucho mayor que la de un mercante. Un navío de 74 cañones llevaba 600-700 hombres, mientras que un mercante de tamaño similar navegaba con 30-50 marineros. La diferencia se debía a las necesidades de la artillería: cada cañón requería 5-10 hombres para su manejo. Además, los navíos de guerra llevaban Infantería de Marina, cirujanos, capellanes y oficiales de múltiples especialidades. Los mercantes, en cambio, tenían una tripulación mínima: capitán, piloto, contramaestre, cocinero y marineros. La vida a bordo era más relajada en los mercantes, con menos disciplina y menos castigos, pero también más peligrosa: los mercantes estaban peor mantenidos y tenían más probabilidades de naufragar.
La requisa de mercantes
En tiempos de guerra, la Corona requisaba barcos mercantes para usarlos como transportes de tropas, abastecimiento o incluso como buques de guerra auxiliares. La requisa era una práctica habitual que causaba graves perjuicios al comercio. Los armadores recibían una compensación, pero siempre insuficiente. Los mercantes requisados solían ser armados con cañones de pequeño calibre y utilizados para misiones secundarias: transporte de pertrechos, vigilancia costera o bombardeo de posiciones enemigas. Algunos mercantes requisados fueron incorporados permanentemente a la Armada, como fue el caso de varias fragatas construidas originalmente para el comercio de Indias.
Fuentes
- Revista de Historia Naval (RHN), núm. 27, 1989: «La construcción naval mercante en la España del siglo XVIII», por José María Rodríguez Gordillo.
- Revista de Historia Naval (RHN), núm. 46, 1994: «Barcos mercantes armados: los registros de la Carrera de Indias», por Pablo Emilio Pérez-Mallaína.
- Todoavante: «Barcos mercantes y buques de guerra: diferencias».
- Archivo General de Indias: registros de barcos mercantes.
- Archivo de la Casa de la Contratación: expedientes de construcción naval mercante.
Artículos relacionados
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- Guerra de los Siete Años en el Caribe
- La Armada en la Guerra de la Independencia
- Glosario de Historia Naval
Recursos en línea
- Archivo General de la Marina «Álvaro de Bazán»
- PARES – Portal de Archivos Españoles
- Todoavante – Historia naval española
Ver también: PARTE 3: La Habana 1762: cuando la logística falló | Viento en las velas: cómo la Royal Navy venció al escorbuto. Fuente: Barcos mercantes vs buques de guerra.
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