Sanidad naval: cirujanos y medicina

Serie NAV — NAV S09

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NAV-S09 · Sanidad naval: cirujanos y medicina a bordo

La sanidad en los navíos del siglo XVIII

La sanidad naval en la España del siglo XVIII fue una de las grandes preocupaciones de la Armada ilustrada. Las condiciones higiénicas a bordo eran, para los estándares actuales, terribles: hacinamiento, humedad constante, alimentación deficiente y ausencia de ventilación adecuada creaban un caldo de cultivo perfecto para las enfermedades. El escorbuto, la fiebre amarilla, el tifus y la disentería causaban más bajas que el combate en sí. Se estima que, en los largos viajes transatlánticos, entre un 15% y un 30% de la tripulación podía morir por causas médicas antes de entrar en batalla.

Fue en este contexto donde la figura del cirujano de a bordo adquirió una importancia capital. Las Ordenanzas de la Armada de 1748 establecieron por primera vez un cuerpo sanitario organizado, con requisitos de formación y examen para los cirujanos navales. Antes de esta fecha, la atención médica en los buques era rudimentaria y dependía de la buena voluntad de algún tripulante con conocimientos empíricos de medicina.

Los cirujanos de la Armada

Los cirujanos navales españoles debían superar un examen ante el Tribunal del Protomedicato y realizar prácticas en hospitales de la Armada antes de embarcar. Los hospitales de Ferrol, Cartagena y La Habana —los principales arsenales— contaban con salas específicas para marinería, donde se trataban las enfermedades más comunes y se practicaban las intervenciones quirúrgicas necesarias. La cirugía naval se centraba en tres áreas: amputaciones (la principal intervención tras un combate), tratamiento de fracturas y luxaciones, y control de infecciones.

La formación de los cirujanos incluía conocimientos de botánica medicinal, ya que muchos de los fármacos disponibles procedían de plantas. La quinina, extraída de la corteza del quino americano, era el tratamiento más eficaz contra las fiebres palúdicas. El mercurio se utilizaba para enfermedades venéreas, muy comunes en puertos de larga estancia. El opio, en diversas preparaciones, era el analgésico universal.

El hospital flotante

Cada navío de guerra contaba con un espacio habilitado como enfermería, generalmente en la cubierta baja, cerca de la línea de flotación para mayor estabilidad. Allí se almacenaban vendas, instrumental quirúrgico (sierras, bisturíes, pinzas) y los escasos medicamentos disponibles. Tras un combate, la enfermería se quedaba pequeña y los heridos se distribuían por la cubierta de batería, donde el cirujano y sus ayudantes trabajaban sin descanso durante horas.

Las campañas de la Real Armada en el Caribe y el Pacífico demostraron la necesidad de mejorar la sanidad naval. Las expediciones a Tahití (1772-1775) y la de la Real Armada al Pacífico (1779-1781) incluyeron cirujanos especialmente seleccionados y cargamentos de medicamentos y víveres frescos para combatir el escorbuto, siguiendo las recomendaciones del capitán Cook que ya había demostrado la eficacia de los cítricos en la prevención de esta enfermedad.

Fuentes

  • Revista de Historia Naval (RHN), núm. 16, 1987 — «La sanidad naval en la España del siglo XVIII»
  • Peset, J. L. — «Medicina y cirugía en la Armada española del siglo XVIII»
  • Blog Todoavante — Artículos sobre sanidad naval

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Fuentes y recursos

Ver también: PARTE 3: La Habana 1762: cuando la logística falló | Viento en las velas: cómo la Royal Navy venció al escorbuto. Fuente: Sanidad naval cirujanos y medicina.

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